Consejos para hacerse un blanqueamiento dental

Los tratamientos para lucir una mejor sonrisa están cada vez más demandados. Pero es importante recurrir siempre a un profesional para que el blanqueamiento se haga de una manera segura y tenga efectos duraderos

Consejos para hacerse un blanqueamiento dental

Las visitas a la consulta del dentista siguen siendo una asignatura pendiente para los españoles. Solo seis de cada diez acuden a revisarse la boca al menos una vez al año, y aunque la estadística mejora cada día, no solo lo hace por motivos relacionados con la salud bucodental: la preocupación por nuestra estética empuja a cada vez más personas a someterse a diferentes tratamientos como blanqueamientos, carillas o prótesis invisibles. 

De entre todos ellos, el blanqueamiento dental es sin duda uno de los más demandados. Pero ¿en qué consiste? En pocas palabras, es un procedimiento clínico realizado por un odontólogo o higienista bucodental con la finalidad de blanquear la apariencia de la sonrisa. Aunque se trata de un tratamiento sencillo y que normalmente no ocasiona molestias, hay que tomar una serie de precauciones a fin de que todos los pasos del proceso sean seguros y que proporcione los resultados deseados.

Lo primero, limpieza y revisión

Lo recomendable, según la Sociedad Española de Odontología Conservadora y Estética (SEOC), “es acudir siempre a clínicas dentales para ponerse en manos de profesionales. Allí se hace un estudio personalizado de la estructura dental y de los hábitos alimentarios, además de estudiarse el color de los dientes, para poder garantizar el mejor resultado con total seguridad”, explica la doctora Isabel Giralde, especialista en Estética de la Clínica Ciro y presidenta de la SEOC.  

«Si se tienen empastes o coronas, hay que tener presente que los productos blanqueantes no funcionan en estas piezas”

Filipa Pereira, dentista de las clínicas Caser
Revisión y limpieza dental

Independientemente del blanqueamiento que se escoja, siempre es recomendable hacerse antes una limpieza y una revisión para asegurarnos de que no existen caries y de que el blanqueamiento va a servir. “Si las hay, conviene arreglarlas primero, ya que hay una sensibilidad mayor. Y si se tienen empastes o coronas, hay que tener presente que los productos blanqueantes no funcionan en estas piezas”, sostiene Filipa Pereira, dentista de las clínicas Caser  en Madrid. Además, “si tienes una caries, no te la tratas y te haces un blanqueamiento, se puede agravar el proceso carioso, porque este tratamiento puede favorecer ese medio ácido en el que la caries se desarrolla con más facilidad”, añade Giralde. Si el empaste está ubicado en la parte frontal de la dentadura, una vez realizado el blanqueamiento puede ser necesario modificar el empaste, a fin de igualar el color. 

Por Internet, mejor no comprar nada

En manos profesionales, el blanqueamiento dental constituye un proceso sencillo y sin riesgos. Sin embargo, si no se aplica correctamente, el blanqueador podría dañar los tejidos blandos. Por eso, es fundamental evitar la tentación de comprar cualquiera de los kits de blanqueamiento disponibles en Internet. Aunque la normativa actual prohíbe la venta libre de productos blanqueadores con una concentración superior al 0,1 % de peróxido de hidrógeno, “te metes en Internet y allí se venden productos con múltiples concentraciones”, sostiene Isabel Giralde, presidenta de la SEOC. Además del riesgo, “te estarías comprando un producto sin haberte hecho una revisión que garantice que tus dientes pueden soportar esas concentraciones”. 

Se trata de productos no regulados que pueden carecer de licencia, por lo que es necesario extremar las precauciones ya que podrían ocasionar hipersensibilidad, úlceras en las encías, daños irreversibles en el esmalte, pérdida de estructura mineral e incluso afectar al nervio del diente, y que pueda llegar a ser necesario un tratamiento endodóntico.

Los riesgos no acechan solo en Internet. Es frecuente encontrar, en supermercados y farmacias, pastas dentífricas “blanqueadoras” que contienen partículas abrasivas que eliminan las manchas superficiales desgastando poco a poco el diente. “Pueden usarse, pero con control”, asegura Giralde; “alternándolas con otras pastas que contengan remineralizantes como flúor o nanohidroxiapatita, que es el mineral mayoritario en el esmalte. 

¿En casa o en la clínica?

Existen tres tipos posibles de blanqueamiento, según el lugar donde lo hagamos: domiciliario o ambulatorio, en consulta o una combinación de ambos, cada uno con una intensidad, efectividad y durabilidad diferentes. Los hábitos higiénicos y alimentarios contribuirán, además, a que el procedimiento tenga efectos más o menos duraderos: cepillarse los dientes durante al menos dos minutos dos o tres veces al día, usar seda dental, no fumar y evitar abusar de los alimentos con colorantes como la remolacha, el curry, los frutos rojos, la soja, el café, el té o las bebidas carbonatadas con colorantes.

  • El procedimiento realizado en clínica consta de una sesión de entre una hora y hora y media, en la que, tras aplicar una protección a la encía y a los labios, para aislarlos, se aplica gel de peróxido de carbamida al 35-40% durante unos 10 o 15 minutos, para a continuación exponer la dentadura a una luz fría (LED) por un tiempo similar. Esta luz “ayuda a que las moléculas del peróxido se activen, penetren en el esmalte y lo blanqueen”, cuenta Pereira. La pega es que, si este blanqueamiento no se combina con otro tratamiento, tiene una duración mucho menor (apenas de un mes), “porque en esa única sesión no se han podido eliminar todos los cromóforos (las moléculas que dan color al diente)”, argumenta Giralde. 
  • Una segunda opción es realizar un blanqueamiento domiciliario. En este tratamiento se hacen unas férulas a medida del paciente en las que, a lo largo de tres o cuatro semanas, se aplica diariamente una pequeña cantidad de gel de peróxido de carbamida con una concentración menor (del 10 o el 16%), y se dejan puestas durante al menos tres horas. Aunque no hay inconveniente en dormir toda la noche con ellas, hay que recordar que su efectividad disminuye a partir de la tercera hora. La alimentación es también fundamental: “Durante este tiempo, conviene seguir una dieta blanca, evitando alimentos con pigmentos que manchen los dientes”, recuerda Pereira.
  • Una combinación de los dos métodos anteriores suele ser la opción preferida por los especialistas. “Yo recomiendo realizar primero el blanqueamiento domiciliario, porque no va a generar hipersensibilidad y en todo momento voy a saber cómo responden sus dientes, si por alguna razón uno no se blanquea o si aparecen manchas. Luego termino con la sesión en consulta”, explica Giralde. Si el paciente se cuida, el blanqueamiento puede durar más de dos años, y cuando el efecto empiece a desvanecerse, repetir el tratamiento domiciliario durante una semana puede ser suficiente.

Con dientes sensibles, cuidado

Si un paciente tiene o ha tenido problemas de sensibilidad dentaria, es recomendable el uso de una pasta dentífrica para dientes sensibles durante al menos las dos semanas previas al comienzo del tratamiento. Con ellos, además, “es mejor realizar únicamente el procedimiento ambulatorio durante un periodo de dos a cuatro semanas. Cada semana comprobamos su progreso y vemos si es necesario más o no”, afirma Pereira.

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