Tres rutas en moto por Asturias: un paraíso con mayúsculas

El eslogan ‘Paraíso Natural’ no puede definir mejor a Asturias: fascinan la gran belleza de su escarpada costa, sus playas salvajes, sus montañas, su gastronomía… Y, a los amantes de la moto, sus inigualables carreteras.

Rutas moto Asturias

Congregar en sólo tres rutas la diversidad de paisajes que ofrece Asturias, resulta difícil en otras zonas de nuestra geografía. Al mismo tiempo, es complicado en sólo tres rutas poder ver todo lo que ofrece esta región de España. Pero sí podemos hacernos una idea que, a buen seguro, nos llevará a explorar otras posibilidades en futuros viajes. Como comenta el aventurero –y motero– Pedro Sastre Ávila, viajar por Asturias en moto no sólo es un regalo continuo para los cinco sentidos: “También te permite disfrutar de una total libertad, donde es posible perderte en el lugar más recóndito de los Picos de Europa y en pocos kilómetros, tras mucho disfrute, plantarte en una playa de ensueño”, describe.

Desde autopistas de excelente firme y trazado podemos acceder en muy pocos kilómetros a despobladas y estrechas carreteras comarcales que nos adentran en frondosos paisajes de infinitas tonalidades de verde y puertos plagados de curvas, de muchas curvas. Como un catálogo con todos los tipos de trazadas que podremos encontrar a lo largo de nuestra vida.

Ruta 1: De Oviedo a Vegadeo, curvas y naturaleza sin igual

Antes de partir de la capital de la provincia es imprescindible pasear por sus calles peatonales jalonadas de numerosas esculturas, como la de la Regenta; acercarse a la Plaza de la Escandalera; conocer el teatro Campoamor y la Catedral de San Salvador,  y, por supuesto, probar su exquisita gastronomía, donde el cachopo de La Corte de Pelayo –ganador del I Campeonato de Asturias de Cachopos– no deja indiferente a nadie, tanto por su sabor como por su tamaño.

Taramundi, otro pintoresco centro turístico, célebre por su arquitectura de pizarra, su orografía y su artesanía de cuchillos, bien merece una dilatada pausa en el camino antes de afrontar la recta final de la etapa hasta Vegadeo. Un lugar en el que podríamos tomar un día de descanso para comprobar toda su riqueza natural. Fronteriza con Galicia, la localidad presume de sus paseos fluviales, aptos para el senderismo. No solo de (y sobre) moto vive el viajero.

Paisajes Asturias

Tras ello, iniciamos la ruta camino de Grado, pero en lugar de ir por la vía rápida que nos brinda la A63 escogemos la carretera antigua, la N-634, mucho más pintoresca y divertida al manillar. De allí nos dirigimos al Alto de La Cabruñana en busca de la AS-15 hasta Cangas del Narcea. Los aledaños del Parque Natural de las Fuentes del Narcea y la Reserva Natural de Muniellos nos permiten contemplar una naturaleza generosa, especialmente en otoño cuando los hayedos y los robledales se tiñen de todos los ocres imaginables, pero también unas carreteras que quedarán para siempre grabadas en nuestras retinas. En Ventanueva nos desviamos por la AS-348 camino del puerto de Connio, con una carretera muy cerrada por la vegetación, pero con excelente firme y bastante buena visibilidad para disfrutar a fondo de nuestra montura. El disfrute continúa en la bajada hasta San Antolín de Ibias, desde donde nos adentraremos brevemente en tierras gallegas para volver a Asturias en un entorno declarado Reserva de la Biosfera. Hasta ese momento, el recorrido apenas alcanza los 200 km, pero el tiempo invertido para cubrirlos dobla con gran facilidad el empleado por autovía. El disfrute, en cambio, aumenta en una proporción exponencial. Frente a la vía rápida, la opción elegida no le permite competir ni por belleza ni por el placer que ofrece sobre una moto.

Ruta 2: Por la costa cantábrica

Abandonamos Vegadeo con el asombroso zigzagueo de la Ría del Eo a nuestra izquierda durante una buena parte del camino. Tras pasar por Castropol, nos despedimos de aquella antes de cruzar la A8 por la antigua carretera del Cantábrico hacia Tapia de Casariego, una de las villas marineras más bonitas del occidente asturiano. Invita a perderse por sus rincones mientras degustamos un buen aperitivo. Pero también podemos hacerlo en Navia o Luarca (imprescindible la vista desde el cementerio marinero), mientras continuamos con las impresionantes vistas que nos brinda la N-634. Al motero/viajero aquí le surge una (bendita) dicotomía: centrarse en su espectacular trazado o en su no menos impresionante paisaje. Si no elegimos fechas estivales (es preferible), gozaremos de una mayor tranquilidad que la que se vive en la rápida A8 que, en muchos tramos, discurre en paralela a nosotros.

Paisaje Costa cantábrica

Tras cruzar el río Esva, nos dirigimos a Cadavedo por la N-632, que hasta Ballota nos obsequia con uno de los tramos más divertidos para conducir de toda la jornada. Desde allí podemos continuar hasta Cudillero por la misma vía o por la más rápida A8. Con independencia de la opción elegida, no podemos pasar de largo por esta villa marinera, con una luz especial y una gran identidad, tanto que hasta tiene su propia lengua: el pixueto. De allí, nuevamente por la N-632, nos dirigimos hacia Avilés y luego a Gijón donde finaliza la ruta. Al igual que Oviedo, Gijón invita a bajarse un buen rato de la moto para vivirla a pie. Caminar por el paseo marítimo de la playa de San Lorenzo, por su antiguo barrio de pescadores, por la bulliciosa Cuesta del Cholo, el Cerro de Santa Catalina –con su Elogio del Horizonte, obra de Eduardo Chillida– las ruinas romanas y la Universidad Laboral, reconvertida en Ciudad de la Cultura.

Ruta 3: Desde Gijón al oriente de Asturias

Nos despedimos de la playa de San Lorenzo por la AS-247, pasando por la zona de Somió, y luego por la N-632 hacia Villaviciosa. Aquí, la visita a la playa de Rodiles, todo un referente tanto para los amantes del surf como para los que buscan un entorno realmente único, no puede faltar, al igual que una visita a sus numerosas pomaradas –plantaciones de manzanos– y a algún llagar de sidra. Una zona que nos invita a ser más suaves con el gas mientras absorbemos todo lo que son capaces de captar nuestros sentidos. Nuevamente en ruta por la N-632 hasta la AS-257, nos dirigimos a uno de los pueblos más emblemáticos no sólo de toda la costa asturiana sino también de España: Lastres, célebre (o más célebre aún) por la serie de televisión Doctor Mateo. Un paseo para estirar las piernas y poder visitarla con tranquilidad nos abrirá el apetito para degustar una buena mariscada, tras la que nos dirigiremos hacia Colunga, La Isla y la playa de la Espasa.

Cueva de tito Bustillo
Tito Bustillo cave. Ribadesella. Replica in Prehistoric Park of Teverga. Asturias.

Tiempo para descansar de la comida recostados en la arena y saborear la diversidad de los paisajes vistos hasta el momento. Justo antes de otro de los grandes platos turísticos de la jornada, con la villa de Ribadesella. Aquí las posibilidades son infinitas. Podemos elegir desde una ruta en piragua para vivir la experiencia del famoso descenso del Sella, visitar la Cueva prehistórica de Tito Bustillo, con sus grabados de arte rupestre, o, alejándonos un poco, ver los bufones de Pría; todo un espectáculo de la naturaleza cuando la mar está picada. De allí el recorrido por la costa nos permite ver espectaculares playas, recónditas calas y escarpados acantilados, con las montañas de la Sierra del Cuera prácticamente a sus pies. Camino del final de la ruta, son recorridos más relajados, pero cerca de los cuales en todo momento podemos elegir variantes con multitud de curvas en sus casi infinitos, y, en muchas ocasiones completamente solitarios, puertos de montaña en los que disfrutar completamente a solas de nuestra moto y el asfalto. La playa de Gulpiyuri, que no tiene vistas al mar; la de Torimbia (con una parte reservada al nudismo), que corta la respiración tanto por su belleza como por el esfuerzo físico que exige para llegar a tocar su arena; la Ensenada de Niembro, con la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores prácticamente flotando en ella cuando la marea está alta; la playa de San Martín y la de Poo nos permitirán llegar a Llanes sin darnos cuenta de que, en muy pocos kilómetros, habremos visto muchos de los lugares más impresionantes de todos nuestros viajes. Una cena en el Mirador de Toró, mientras se pone el sol, nos convencerá por completo para organizar una nueva ruta.

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