El mundo financiero está abierto a todos los públicos. Pero en ocasiones, al particular se le hace cuesta arriba. Ante esto, lo mejor es buscar el asesoramiento de un experto y sobre todo información.
La beta de un fondo es eso, información de un producto de inversión. Lo que indica es la variabilidad de la rentabilidad de un fondo con respecto al índice que replica. Este indicador está basado en números que desvelan lo siguiente: si la beta es superior a 1, el fondo tiene una volatilidad mayor que el índice; si es igual a 1, se comporta igual, y si es menos, tiene una oscilación inferior.
Si la beta es superior a 1, el fondo tiene una volatilidad mayor que el índice; si es igual a 1, se comporta igual, y si es menos, tiene una oscilación inferior.
«Como la beta es un dato relativo, también puede interpretarse en forma de porcentaje. Por ejemplo, una beta de 1,15 significa que el fondo es, en términos medios, un 15% más volátil que el índice», explica Morningstar.
La firma de análisis asegura que la beta tiene información muy útil para los inversores, ya que le permitirá diferenciar entre los fondos de gestión activa y pasiva. Los primeros suelen tener una beta superior a 1 y los segundos, cerca del 1.
Hay que tener en cuenta también que la beta varía dependiendo del índice de referencia elegido; no es lo mismo hacerlo con el Ibex 35 que con el alemán Dax.
Puede tomarse como un dato más en cuanto a riesgo de inversión. Cuando el fondo varía poco con respecto al índice será un producto más adecuado para perfiles conservadores. Sin embargo, si la beta es alta, estará más indicado para quienes tengan mayor tolerancia al riesgo (perderá o ganará más con respecto a lo que haga el índice).
«No es una medida de riesgo absoluto de un fondo, pero sí relativo», señala Morningstar. Es decir; la beta te dará información del fondo sobre el índice, de nada más. No mide el riesgo, por ejemplo, de las compañías en las que invierte.