¿La salud bucodental es hereditaria?

Algunas patologías y anomalías dentales pueden transmitirse de padres a hijos. Sin embargo, otras afecciones son resultado de nuestros hábitos higiénicos y dietéticos. En ambos casos es importante acudir al dentista para que detecte, trate y nos ayude a mantener una correcta salud bucodental.

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La herencia genética de nuestros padres no solo se expresa en el color de los ojos o en poseer una determinada estatura, también se manifiesta en la salud bucodental que vayamos a tener. La forma de la cavidad bucal, la disposición y el tamaño de los dientes o ciertas patologías están directamente relacionados con nuestros progenitores.

Aunque la predisposición genética de cada individuo juegue un papel importante en la salud bucodental, no mantener unos hábitos higiénicos y dietéticos saludables puede dar al traste con la herencia recibida, si era satisfactoria, o empeorar el legado, si era frágil. Por ello, acudir al odontólogo resulta vital para prevenir posibles dolencias y corregir las que puedan surgir. Si además padres e hijos comparten consulta, será más sencillo conocer y detectar prematuramente las patologías familiares congénitas.

Anomalías dentales hereditarias de padres a hijos

Algunas anomalías dentales pueden ser hereditarias, como tener más o menos piezas –conocidas como ‘dientes supernumerarios’ o agenesias, respectivamente–, la forma que éstas presenten o su tamaño. Además, la incorrecta colocación de los dientes –ya sea por apiñamiento o por malposición/maloclusión– puede tener origen genético, pero también influye el factor ambiental, especialmente los hábitos adquiridos, como chuparse el dedo, por ejemplo.

En cuanto a las patologías más comúnmente recibidas como dote por parte de los progenitores, estas son las relacionadas con defectos del esmalte y la dentina y las enfermedades como el labio leporino y la fisura palatina.

Salud bucodental en niños

Por qué no hay que compartir cubiertos con los niños

Es frecuente que los padres compartan con sus hijos el chupete, los vasos y los cubiertos. O les den besos en la boca, sobre todo en los primeros años de vida. Estas conductas, aparentemente inofensivas y totalmente normalizadas, son muy peligrosas para la salud bucodental de los menores, sobre todo si los padres tienen caries o alto riesgo de padecerlas.

Las bacterias que los progenitores tienen en la boca pueden pasar a los hijos. “La transmisión bacteriana ocurre de manera vertical, al intercambiar saliva los padres con el niño: compartiendo cubiertos, el cepillo de dientes o limpiando un chupete con la saliva”, explica el doctor Baracco. La madre es la principal fuente de transmisión bacteriana en niños debido al íntimo contacto durante los dos primeros años de vida. “Por ello, la promoción de la salud bucal durante el embarazo es importante y exitosa a la hora de reducir la caries temprana de la infancia”, concluye el experto.

¿Se hereda la caries?

La caries es el principal trastorno de salud bucodental en todo el mundo. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, 2.300 millones de personas padecen caries en dientes permanentes y más de 530 millones de niños sufren de caries en los dientes de leche. ¿Influye nuestro árbol genealógico en la probabilidad de padecer o no caries?

La respuesta es compleja. El doctor Bruno Baracco, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid (COEM), corrobora  que “se han identificado hasta 47 genes implicados en problemas relacionados con la salud dental, tanto en la aparición de caries como de periodontitis (enfermedad de las encías)”.

Sin embargo, el que tengamos cierta predisposición genética no es sinónimo de padecer caries. Tanto esta como la periodoncia son enfermedades provocadas por bacterias, que pueden tener origen en defectos congénitos o en una insuficiente higiene dental. “Por ello, es muy importante mantener unos hábitos saludables”, recalca el doctor, y “realizar las pertinentes revisiones odontológicas, algo que no hacemos”.

Qué hacer para tener una boca sana

Como prevenir es más barato y mejor que curar, el mejor consejo para tener una boca sana es acudir al dentista con la frecuencia que éste determine, realizar una higiene dental correcta, cuidar nuestra alimentación y evitar hábitos nocivos, como el tabaco. “Prever las enfermedades –si tenemos predisposición genética a desarrollarlas– o detectarlas a tiempo es clave para lograr con éxito el mantenimiento de una buena salud oral”, apunta el doctor Baracco.

La primera visita hay que subrayarla en el calendario del bebé: “Cuando erupciona el primer diente o en el primer cumpleaños del niño, siempre que no haya una patología previa”, señala el especialista. “Esa primera visita es fundamental para informar a los padres de los cuidados orales en el bebé y para que el niño vaya adquiriendo un hábito gradual y cogiendo confianza en el dentista”, concluye Baracco.

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