¿Qué debo hacer si mi hijo sufre ‘bullying’?

El acoso escolar puede tener consecuencias graves para el menor. Por eso hay que fomentar el diálogo en casa, estar atentos a algunas señales y, llegado el caso, actuar con firmeza para ayudarle a superar el problema.

Niña triste con mochila

Cualquier menor puede ser víctima de acoso escolar o bullying, que en España ya supera las 1.000 víctimas anuales. Detectarlo a tiempo es clave para poder atajar el problema cuanto antes, ya que, si se prolonga, puede provocar graves consecuencias para la vida social y personal del niño o la niña que lo sufre. Aquí el papel de los padres es fundamental. Deben mantener abierto un canal de comunicación con sus hijos y mostrarse en todo momento dispuestos a escucharles. De esta manera fomentarán y ganarán su confianza. Esto hará que, ante la aparición de una situación de acoso escolar, los chicos puedan abrirse a hablar del tema.

“Este tipo de vivencias traumáticas que se prolongan en el tiempo pueden afectar gravemente a su desarrollo psicosocial”

Benjamín Ballesteros, psicólogo de la Fundación ANAR

Pero, ¿cómo saber si mi hijo o mi hija sufren bullying? Existen señales que nos pueden alertar de que algo no va bien en el colegio, tal y como advierten los expertos de la Fundación ANAR. Por eso, es muy importante estar pendientes de si:

  • Existe un cambio significativo en su comportamiento o estado de ánimo. Por ejemplo, que los chicos estén más tristes y vulnerables.
  • Faltan a menudo a clase.
  • Tienen menos relación con sus compañeros, se aíslan.
  • Presentan algún tipo de marcas, rasguños, etétera.
  • Les desaparece su material escolar u objetos personales (el móvil, por ejemplo).
  • Tienen cambios de actitud y conducta: se muestran más introvertidos, menos participativos, sacan peores notas…
  • Presentan somatizaciones de las situaciones que viven, sobre todo entre los que son más pequeños: dolor de tripa o de cabeza…

“Cuando un menor sufre acoso escolar, el síntoma que más puede llamarnos la atención es la bajada en el rendimiento escolar sin justificación aparente”, afirma el psicólogo Benjamín Ballesteros. Además, la víctima puede presentar tristeza, ansiedad, alteraciones en el sueño, miedo, aislamiento… De hecho, un porcentaje muy elevado de los menores que padecen bullying tiene algún problema psicológico a raíz de ese acoso, que se manifiesta en síntomas depresivos, ansiedad y miedo. Y hasta un 20% necesita tratamiento psicológico.

Otro de los efectos que conlleva este acoso es un cambio de colegio o instituto (hasta en el 14% de los casos). Pero puede haber consecuencias más graves, como autolesiones, ideas suicidas y, en un menor porcentaje, intentos de suicidio (1,2%).

“Debemos tener en cuenta que se trata de menores que están en pleno proceso de desarrollo. Este tipo de vivencias traumáticas que se prolongan en el tiempo pueden afectar gravemente a su desarrollo psicosocial”, sostiene Ballesteros, quien dirige los programas de Fundación ANAR. Por ello, recomienda que las víctimas de bullying reciban apoyo psicológico por parte de profesionales, sobre todo si no pueden desarrollar de manera adecuada sus actividades dentro y fuera del centro escolar, y les afecta en sus relaciones sociales.

El bullying en los colegios

La escuela juega un papel vital

La edad media de inicio en casos de acoso escolar es 10,9 años, y las víctimas tardan una media de 13 meses en atreverse a contarlo. Junto a la familia, el centro escolar debe representar un papel decisivo en la detección y resolución del problema. “Es básico que el profesorado se implique”, insisten los especialistas. La clave pasa por la prevención, por reforzar el papel de los profesores y potenciar la figura del orientador escolar. Otras de las pautas propuestas a los centros educativos son las de sensibilizar y tomar conciencia del problema, promoviendo actitudes en las aulas como el respeto a los demás y valores humanos que fortalezcan el trato solidario y de colectividad. “Hay que observar y estar pendiente de los posibles cambios en la dinámica de la clase y del grupo. Y tener una actitud cercana con los alumnos, tratar de conocerles para detectar cualquier cambio de conducta”, prosigue el psicólogo Benjamín Ballesteros. Tampoco hay que minimizar las situaciones de violencia ni fomentarlas. Para ello, se debe estimular a los chicos y chicas a que no se callen ante la violencia. Otra buena fórmula es fomentar la cohesión grupal con actividades cooperativas.

Por eso es fundamental permanecer atento a las señales de alerta que puede presentar el niño o el adolescente y, cuando nos cuente lo que le está ocurriendo, mantener la calma y evitar mostrarnos angustiados. Otras pautas de actuación propuestas por los especialistas de la Fundación ANAR son:

Fomentar la autoestima del menor. Debemos transmitirle que para nosotros es importante por ser quién es, y le ocurra lo que le ocurra.

Contactar con el centro escolar e informarles de la situación. Colegios e institutos están obligados a implicarse y tomar medidas ante los casos de acoso.

Ayudar a nuestros hijos a poner en palabras sus emociones, enseñarles a identificarlas y gestionarlas.

Enseñarles que existen límites que no se pueden traspasar, ni en casa, ni fuera de ella, y que los actos violentos tienen consecuencias para quienes los hacen.

Hacerles ver que, ante una situación de violencia en el centro escolar, han de ser solidarios. “No defender a un compañero y acallar la situación, implica formar parte del acoso escolar”, apunta Ballesteros.

Si nuestro hijo muestra actitudes violentas para conseguir algún fin, debemos corregirle y enseñarle que esa no es la manera adecuada de lograr sus objetivos. Hay que mostrarle que las metas pueden alcanzarse sin necesidad de ser violentos.

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