Maloclusión: cómo tratarla y prevenirla

La ‘maloclusión’ es una de las patologías orales más frecuentes. Corregirla conlleva beneficios estéticos y una notable mejora en la salud bucodental. La ortodoncia es el tratamiento más efectivo.

maloclusion dental

La oclusión o mordida es la manera en que los dientes del maxilar superior contactan con los del inferior. Si el apoyo entre las piezas es estable en el funcionamiento mecánico de la boca –al masticar, al hablar o al morder–, la oclusión se considera normal. Pero si las arcadas no encajan correctamente o los dientes no están bien enfilados –lo que es más habitual– estaremos ante una maloclusión.

Pocas personas tienen una mordida perfecta. Según la doctora Filipa Nunes Pereira, directora médica de Caser Dental, “la maloclusión constituye una patología bastante común, sobre todo en países en vías de desarrollo”. Sin embargo, no siempre es necesario tratarla. “Hay estudios que señalan que alrededor del 70 por ciento de los niños presenta algún tipo de desviación de la oclusión ideal y solo entre un 25 y un 30 por ciento precisa un tratamiento ortodóncico para corregirla”.

Tipos de maloclusión

La maloclusión pueden clasificarse en tres grandes grupos, en función de dónde se produce: sagital, vertical y transversal.

Maloclusiones sagitales

Fueron definidas por el doctor Edward H. Angle a comienzos del siglo pasado, teniendo en cuenta la posición de los molares permanentes en el sentido antero-posterior. 

  • Clase I o neutroclusión: la mordida correcta. En ella, el canino superior se sitúa entre el canino y primer premolar inferior.
  • Clase II o distoclusión: la arcada superior (conjunto de dientes del maxilar) está adelantada a la inferior (conjunto de dientes de la mandíbula) a nivel canino y molar. Es el tipo más común.
  • Clase III o mesioclusión: la arcada inferior queda adelantada a la superior.

Maloculsiones verticales

En estas maloclusiones, el contacto entre los dientes inferiores y superiores no se produce; en una mordida correcta deben solaparse un tercio de los dientes de las arcadas. 

  • Mordida abierta: el no solapamiento de las arcadas origina un espacio entre ambas.
  • Sobremordida: los dientes de la arcada superior superan al cerrar a los de la arcada inferior en más de un tercio o 2,5 mm.
  • Mordida borde a borde: se da cuando se produce el contacto entre los incisivos y no hay entrecruzamiento.

Maloculsiones transversales

Se originan por anomalías en las inclinaciones dentales o por alteraciones en la anchura de los maxilares, normalmente por falta de crecimiento más que por exceso. 

  • Mordida cruzada: la arcada superior queda por dentro de la inferior. Puede ser unilateral, asociadas habitualmente a una desviación de la línea media hacia un lado, o bilateral.
  • Mordida en tijera: la arcada superior sobresale en el plano transversal, con lo que las cúspides no contactan. Una cúspide es cada uno de los picos de los dientes. Los caninos poseen una; los premolares, también conocidos como bicúspides, tienen dos cada uno, y los molares poseen cuatro o cinco cúspides.

¿Por qué es importante tratar la maloclusión?

Una maloclusión, además de afectar a la estética, está asociada con otros problemas bucodentales. “Patologías en la articulación temporo-mandibular, mayor predisposición para caries, deglución atípica o problemas con las encías son algunos de los más frecuentes”, puntualiza la doctora.

como tratar la maloclusion

La mayoría de las maloclusiones se tratan con ortodoncia, y solo en los casos más graves es necesario recurrir a la cirugía ortognática, es decir, cirugía correctiva de la mandíbula y/o maxilar superior. En cualquier caso, debe ser el odontólogo el que, tras un examen preciso de la cavidad oral del paciente y un estudio previo de ortodoncia, tome la decisión más adecuada, “valorando si el riesgo/beneficio del tratamiento compensa”.

¿Qué causa una maloclusión?

Una maloculsión “es el resultado de una anormalidad morfológica y funcional de los componentes óseos, musculares y dentarios que conforman el sistema estomatognático”, explica la especialista. Los factores genéticos y ambientales son sus dos causas principales. 

El componente genético es decisorio, y determina el tamaño y forma de los dientes, la relación basal de los maxilares y la función labial y lingual.

Entre las circunstancias ambientales, la costumbre de chuparse el dedo o el labio, el uso del chupete o el biberón más allá de los dos años, respirar por la boca, la interposición de la lengua o el labio y malos hábitos alimenticios son algunas de las causas que pueden provocar el desarrollo de una maloclusión.

¿Podemos hacer algo para prevenir una maloclusión? “Sí, está de nuestra mano evitarla o hacerla menos grave, principalmente si el agente responsable es ambiental, como lo es el uso del chupete”. Si es un factor genético, también hay margen de maniobra, “aunque suele ser más difícil”.

Cuanto antes se trate una maloclusión, mejor será la solución. “En los niños normalmente es más fácil corregirla, porque están todavía en crecimiento. Suelen utilizarse aparatos funcionales, disyuntores y pistas de composite. En pequeños con dentición mixta se pueden usar brackets en algunos casos”.

Estudio de ortodoncia para evaluar el tratamiento

La ortodoncia es la técnica más utilizada, y “casi siempre efectiva”, para corregir una maloclusión. Con el fin de decidir el mejor plan de tratamiento, el odontólogo debe hacer previamente un estudio de ortodoncia, que incluye fotos intra y extra orales, impresiones para modelos de estudio, telerradiografía de perfil y ortopantomografía.

La telerradiografía de perfil permite realizar un estudio cefalométrico, lo que ayuda al especialista a ver el tipo esquelético del paciente, su patrón de crecimiento o la posición de los dientes.

Gracias a las fotos intra y extra orales se puede conocer con detalle la clase dentaria del paciente, la sobremordida/mordida abierta, el resalte de las arcadas, posibles asimetrías o la tipología facial. 

Los modelos son una réplica exacta de la dentadura del paciente. Con ellos el especialista calcula si será necesaria una expansión, determina si hay discrepancia entre el tamaño de los dientes y las arcadas y mide la sobremordida/mordida abierta.

Además, se utilizan otras herramientas para mejorar ciertos tratamientos dentales. Por ejemplo en las Clínicas Caser se utiliza el diagnóstico por imagen mediante el 3 D para casos, como por ejemplo, el tratamiento de caninos incluidos (dientes que no han salido a la edad habitual). En concreto se usa un aparato CBCT (Cone Bean Computed Tomography. «La gran diferencia un TAC convencional es que la cantidad de radiación emitida es menor, así como el tiempo de exposición. Además, es un aparato abierto, lo que es una ventaja para pacientes claustrofóbicos y podemos hacer el escaneado con el paciente de pie, con la posición natural de la cabeza del paciente en vez de tumbado”, apuntan sus expertos. 

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