Mitos y realidades del cáncer de mama

Cada día más mujeres superan el cáncer de mama, no obstante siempre es importante sensibilizar sobre los factores de riesgo que lo ocasionan y de la importancia de la detección precoz.

Mujer con pañuelo sonriendo

La guerra impaciente que la medicina mantiene contra el cáncer es lenta pero arroja buenos resultados. El cáncer de mama es un buen ejemplo de ello; el número de mujeres que lo superan cada vez es mayor. Sin embargo, sigue siendo una enfermedad rodeada de mitos que se arrastran durante décadas. Las realidades, en cambio, muestran que es uno de los tumores con mejor pronóstico y que hay factores de riesgo que se pueden prevenir. De hecho, si hay antecedentes familiares, es bueno conocer que ya existen pruebas genéticas destinadas a detectar posibles anomalías. Sensibilizar sobre el tumor de mayor incidencia en las mujeres es el objetivo del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama.

Mitos del cáncer de mama

Un bulto en la mama es casi siempre sinónimo de cáncer. Falso. La mayoría de los bultos no son malignos, según la Sociedad Americana contra el Cáncer (ACS). No obstante, la detección de cualquier cosa inusual (retracción de los pezones o dolor, formación de hoyuelos en la piel, bultos o cambios en el tamaño o la textura del pecho) debe consultarse de inmediato con un médico.

Los sujetadores con aro y los desodorantes dan lugar a tumores. Falso. Según las investigaciones, el riesgo de desarrollar un cáncer no es mayor entre las mujeres que emplean desodorante. La molestia que a algunas les generan los sujetadores con aro no entraña tampoco ningún riesgo. “Son menos ergonómicos que otros modelos, pero emplearlos o no es una cuestión de gustos: su relación con el cáncer de mama es un bulo”, apunta María Herrera, jefa de la Unidad de Mama del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Mamografías, ni pocas ni muchas

Mamografía a una mujer

Las mamografías son desde hace décadas una herramienta muy eficaz en la detección precoz del cáncer de mama. Excepto las mujeres con mayor riesgo (por antecedentes familiares, por ejemplo) que tienen que someterse a esta prueba periódicamente antes de los 50 años, el resto deben hacérsela cada dos años a partir de esa edad. “Empezar antes, a veces, resulta contraproducente: es cuando da más falsos positivos y se entra en una rueda de exámenes que no sirven de nada”, explica María Herrera. Por otra parte, aunque la radiación a la que se somete el cuerpo es pequeña, no tiene sentido una sobreexposición. Además, es algo inútil, como apunta la ginecóloga del Hospital Clínico San Carlos: “Entre algunas mujeres mal informadas ha cundido la idea de que cuantas más mamografías se hagan, mejor cubiertas están ante un posible cáncer de mama, y eso no es cierto. Los especialistas estamos intentando desterrar esa leyenda sin fundamento”. 

Tras un cáncer de mama no conviene quedarse embarazada. Falso. Los especialistas recomiendan que se deje transcurrir entre uno y dos años tras el tratamiento porque el riesgo de recaída en ese periodo es mayor. Por otra parte, el embarazo no favorece que se reproduzca el cáncer. 

Puede desencadenarlo un golpe en el pecho. Falso. Hasta bien entrado el siglo XX los científicos sí lo creían, pero en los experimentos de las décadas de 1920 y 1930 en animales de laboratorio no se pudieron reproducir tumores en ninguno de ellos. Lo que ocurre, según María Herrera, es que “hay mujeres que se dan un golpe, al palparse descubren un bulto y a partir de ahí se detecta la enfermedad”. 

Realidades del cáncer de mama

Es uno de los tumores con mejor pronóstico. Verdadero. Los avances terapéuticos y la extensión de los programas de detección precoz han sido determinantes. “La supervivencia a los cinco años alcanza el 85%”, apunta María Herrera. Sin embargo, el dato no deber hacer olvidar que cada día mueren en España 18 mujeres por la enfermedad (6.573 el año pasado). En 2018 se diagnosticaron 32.536 casos.

Puede darse sin tener antecedentes familiares. Verdadero. Se estima que entre el 5% y el 10% de los tumores de mama son hereditarios, es decir, tienen su origen en alguna mutación genética, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

Se puede prevenir. Verdadero. Una mujer que se mantenga en su peso, haga ejercicio regularmente, no fume y no beba alcohol tiene muchas menos probabilidades de tener alguna vez en su vida un cáncer de mama que otra con esos hábitos. “Ganar peso después de la menopausia es un factor de riesgo muy importante”, señala María Herrera. La especialista apunta uno más: los tratamientos prolongados con terapia hormonal sustitutiva, una opción en la menopausia “a la que solo debe recurrirse en casos muy contados y durante poco tiempo”.

Los anticonceptivos orales aumentan el riesgo de padecerlo. Verdadero. La relación no es “clínicamente relevante”, según el término empleado en epidemiología, pero la asociación existe. El riesgo aumenta si la mujer ha tomado anticonceptivos durante mucho tiempo, tiene obesidad y es fumadora. La doctora María Herrera es partidaria de limitar el uso de anticonceptivos: “Antes se daban a todas las mujeres, y esto se tiene que acabar, porque tienen efectos secundarios”. 

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