¿Cómo funciona un fondo de inversión?

¿Cómo funciona un fondo de inversión?

El funcionamiento de un fondo de inversión es mucho más sencillo de lo que puede parecer. Imaginemos una cesta de diferentes activos, que dependerán del tipo de fondo que escojamos, por ejemplo acciones, si es de renta variable; bonos corporativos, letras o deuda, entre otros, si es de renta fija, o una combinación de ambos, si optamos por un fondo mixto. Cuando decidimos formar parte de un fondo de inversión como partícipes adquirimos una parte de esta cesta que es cuidada por un gestor en el que se delega la compra y venta de esos diferentes activos.

Antes de dejar en manos de esa persona nuestros ahorros, firmamos una serie de condiciones que servirán para manejar nuestro dinero. Por ejemplo, que hasta un 30% pueda estar depositado en renta variable europea, hasta otro 30% en americana, hasta un 20% en emergente y hasta otro 20% en renta fija. De este modo, aunque no podamos decidir en qué activos en concreto se dirigirá nuestro capital, si podremos conocer en qué tipo de activos se moverá.

Cuando invertimos en un fondo de inversión entramos a formar parte de una cesta de diferentes activos gestionada por un profesional

De esta forma, cuando el inversor adquiere participaciones mediante las aportaciones que realiza, está comprando una parte de ese fondo, y por tanto es dueño de una pequeña cartera del fondo.

El tamaño de un fondo de inversión en funcionamiento puede aumentar o disminuir por dos motivos diferentes. El primero de ellos responde a la entrada o salida de inversores. El segundo motivo se produce por las variaciones de los activos que lo forman en el mercado y su precio o valoración. En este caso nuestro capital se verá afectado, en función de la valoración de los activos en el momento de la venta y de la compra.

Pero, como hemos explicado en otras ocasiones, el hecho de que nuestras inversiones tengan pérdidas en su valoración en un momento o en un plazo determinado no significa que en el medio y largo plazo no vayan a recuperarse e incluso a sobrepasar la valoración de compra inicial, obteniendo beneficios si se mantienen en la cartera. Lo más importante es ser pacientes y si los nervios nos pueden, plantearnos si hemos elegido bien el fondo al que hemos destinado nuestros ahorros y valorar opciones distintas.

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