‘Mindfulness’, una vía para mejorar nuestra resiliencia vital

España ocupa la cima en las estadísticas europeas sobre consumo de ansiolíticos. El estrés, la ansiedad, la inquietud y la angustia son enfermedades inherentes a nuestra forma de vida. La práctica del ‘mindfulness’ puede ser una buena terapia contra estos trastornos tan característicos del siglo XXI.

‘Mindfulness’, una vía para mejorar nuestra resiliencia vital

Atención, intención y apertura a la experiencia. Son los tres elementos básicos que conforman el paradigma del mindfulness, “un protocolo generado en los años 80 en la Universidad de Massachusetts para intervenir en personas con dolores crónicos”, afirma Gustavo Diex, director del instituto Nirakara, orientado a la investigación y formación en ciencias cognitivas. 

Mindfulness es un concepto arrolladoramente de moda cuando se habla de bienestar emocional. “Pero veo una cosa peligrosa”, advierte Diex: “Dotar al mindfulness de poderes que no tiene. Es un tipo de entrenamiento que puede ayudar a bastantes personas, pero a veces me topo con proclamas generalistas de que es bueno para esto o para lo otro que pueden ser preocupantes”. El objetivo último del mindfulness es lograr, mediante la atención consciente, un mayor bienestar y una mejor salud física y mental. Fortalecer la resiliencia, una palabra muy repetida pero pocas veces explicada: apuntalar nuestra capacidad para superar circunstancias traumáticas de diversa índole. Por tanto, no sustituye a ningún tratamiento farmacológico, médico o psicológico.

Normalmente, prestamos atención a las actividades solo con una pequeña parte de nuestro cerebro, desaprovechando casi todo el caudal de nuestra actividad intelectual. A través de la meditación y la relajación, el mindfulness orienta la mente a un foco concreto (sentimiento, percepción o la concentración misma, por ejemplo), que libera la mente de prejuicios y pensamientos nocivos.

“El mindfulness es una relectura, una reinterpretación de prácticas de meditación que vienen de Oriente, pero descontextualizadas culturalmente. Tiene toda una estructura formal basada en la ciencia, la psicología o la psicobiología”

Gustavo Diex, instructor por el Centro de Mindfulness de la Universidad de Massachusetts

La meditación se asocia habitualmente a determinadas filosofías o concepciones religiosas. Pero el mindfulness está desprovisto de este sustrato. Es una técnica orientada a objetivos concretos y hechos prácticos. No hay detrás corpus religioso o espiritual. “El mindfulness es una relectura, una reinterpretación de prácticas de meditación que vienen de Oriente, pero descontextualizadas culturalmente. Tiene toda una estructura formal basada en la ciencia, la psicología o la psicobiología”, indica Gustavo Diex, instructor por el Centro de Mindfulness de la Universidad de Massachusetts y licenciado en Física Teórica (2004) por la Universidad Autónoma de Madrid.

Efectos colaterales y grupos de riesgo

Los procesos asociados a la mente son a veces difíciles de predecir para la ciencia. De ahí que podamos preguntarnos por los posibles efectos negativos que pudiera tener el mindfulness en determinadas personas y momentos. “El experto crea el contexto y las acciones adecuadas para que la persona avance y cubra esos posibles efectos adversos, que también los puede haber”, admite Diex. “Algunos conllevan peligro. Por ejemplo, para las personas que han tenido o tienen brotes o tendencias psicóticas, aunque no lo sepan. Comenzar a practicar puede aumentar esa tendencia y esto lo tiene que controlar un psiquiatra. También en personas con depresión profunda quizá sea adverso en un momento concreto, en determinados ciclos. En drogodependientes, el mindfulness puede crear un movimiento interno psicológico tan fuerte e inasumible que podría volver a generar hábitos de consumo en la persona”. En individuos al margen de estos problemas, “hay un efecto que nosotros llamamos bypass. Es algo que le sucede a un tanto por ciento mínimo, pero que a veces pasa. Por ejemplo, que tienda a relacionarse menos con sus familiares o con personas de su entorno. Eso hay que saber detectarlo para guiar a estas personas y demostrarles que se pueden relacionar desde otros puntos de vista más profundos y satisfactorios”. 

Según este experto, “hay datos y análisis que demuestran cómo los programas basados en mindfulness reducen el estrés y los trastornos de ansiedad con resultados significativamente superiores a otras técnicas. También vemos cómo su práctica aumenta la capacidad de atención, la retención y el procesamiento de la información, así como la memoria y el bienestar vital”. 

El mindfulness ha entrado ya en algunas universidades españolas. La Complutense, por ejemplo, cuenta desde 2015 con un posgrado en la materia, y en junio de 2019 celebró el I Congreso sobre Mindfulness y Neurociencia, con la presencia de numerosos expertos internacionales. Cuenta, además, con una cátedra extraordinaria, dedicada a la investigación en este terreno, dirigida por Fernando Maestú, referente internacional en estudios sobre el Alzheimer. En el año 2000, apunta Gustavo Diex, se publicaban una media de cinco estudios científicos al año sobre el mindfulness. En 2019, esa media alcanza ya los 700 estudios. 

Montaña de piedras

¿Quién puede practicar ‘mindfulness’?

¿Son necesarias determinadas características para acercarnos al mindfulness? ¿Puede practicarlo cualquier persona? “No hay estudios que muestren cualidades o personalidades que se vean más beneficiadas”, subraya el director de Nirakara. “Desde mi experiencia, lo fundamental no es el estado previo, sino la motivación, esencial en este tipo de programas. Hemos trabajado con personas con dolores crónicos o con cáncer. Personas con más motivación y que notan más los efectos, porque practican más. Y los resultados son peores en personas que a lo mejor tienen mejor salud pero menos tiempo y motivación”. 

¿Puede practicarlo cualquier persona? “No hay estudios que muestren cualidades o personalidades que se vean más beneficiadas”, subraya el director de Nirakara. “Desde mi experiencia, lo fundamental no es el estado previo, sino la motivación, esencial en este tipo de programas. Hemos trabajado con personas con dolores crónicos o con cáncer. Personas con más motivación y que notan más los efectos, porque practican más. Y los resultados son peores en personas que a lo mejor tienen mejor salud pero menos tiempo y motivación”. 

Otra de las preguntas que se suele hacer un neófito es si es viable la práctica autodidacta del mindfulness. ¿Basta con leer libros, ver vídeos o incluso usar apps? Según Gustavo Diex, “siempre es mejor acudir a un especialista. Si además acudes por alguna cuestión clínica, es bueno que el centro de referencia sepa dialogar con el psiquiatra o el psicólogo de estas personas. Si psicológicamente estás bien, con libros puedes llegar a mucho. Pero mucha gente acude al mindfulness por algún tipo de sufrimiento. Y ahí un experto va a ofrecer respuestas ante posibles dificultades”. 

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