Cómo saber si te pasas con el ejercicio

La obsesión por el gimnasio puede acarrear consecuencias graves. Si aparecen algunas señales como fatiga excesiva, dolores musculares y cambios de humor, deben activarse las alarmas. Algo no va bien.

Chica haciendo ejercicio en el gimnasio

La frase Mens sana in corpore sano es toda una declaración de principios y expone una verdad irrefutable. El ejercicio físico ayuda a mantener cuerpo y mente en mejor estado de forma. El problema es que algunas personas piensan que cuantas más horas de deporte practiquen, mucho mejor para su bienestar. Y esto es un error. Como todo en la vida, los excesos se pagan, también en el gimnasio.

Una extralimitación con el ejercicio puede tener consecuencias para la salud: desde lesiones musculares hasta el deterioro de las articulaciones, fatiga, insomnio, disminución del deseo sexual, cambios de humor…Y  en casos extremos, incluso una rabdomiólisis que degenere en una insuficiencia renal. “Debemos concienciarnos de que entrenar más no es mejor. Es preferible realizar un entrenamiento de calidad invirtiendo menos tiempo para conseguir mejores resultados”, advierte el entrenador personal Juan Ruiz López.

“El entrenamiento es un estrés para el cuerpo. Si no le permites que se recupere, es cuando aparecerán esos síntomas. También pueden surgir desórdenes a nivel hormonal y fisiológico”

Juan Ruiz López, entrenador personal

Los expertos coinciden en que es recomendable practicar una actividad física moderada para mantener el cuerpo en forma. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que unos 150 minutos semanales de ejercicio para personas adultas es un tiempo razonable aunque, obviamente, esta cifra dependerá del objetivo y el nivel que se marque cada uno. “No es lo mismo una persona que se entrene por salud que alguien que esté preparando una prueba concreta. Cuando entrenarse o ir al gimnasio supone una alteración en tu vida cotidiana, te impide pasar tiempo con la familia o los amigos, o sacrificas horas con ellos a cambio de entrenar, entonces podría haber un problema”, afirma Ruiz.

Vigorexia, un trastorno mental

La obsesión por el aspecto físico puede alcanzar niveles patológicos. Este trastorno mental tiene un nombre, vigorexia, y afecta sobre todo a hombres de 18 a 35 años con baja autoestima. “Suelen ser personas algo vanidosas y egocéntricas que prestan demasiada importancia al físico, porque piensan que así pueden intentar paliar otras carencias. Creen que si consiguen un cuerpo atlético y fuerte o que ellos consideren musculado van a encajar mejor. Tienen una visión de la realidad distorsionada ya que no suelen verse nunca bien al 100%”, describe Juan Ruiz.

Para conseguir sus objetivos, muchos recurren a anabolizantes, hormonas, esteroides y dietas caracterizadas por un exceso de proteínas y carbohidratos que, además de ser poco saludables y desequilibradas, pueden acarrear problemas de salud de carácter hepático y cardiaco, incluidos trastornos del metabolismo. Si esta obsesión por el deporte o el gym traspasa ciertos límites y se convierte en un problema grave, la solución pasa por acudir al psicólogo o al psiquiatra y trabajar en conjunto con un profesional del deporte.

Cómo saber si te pasas con el ejercicio

En su opinión, no caer en lesiones es relativamente sencillo si se cumplen cuatro preceptos básicos:

  • Descansar.
  • Dormir
  • Seguir una buena alimentación.
  • Hidratarse.

Si el entrenamiento está supervisado por un profesional y se adapta a las características físicas y al objetivo de cada individuo, el peligro es remoto. Pero hay una serie de señales que pueden alertar de que algo no va bien. Las más comunes son:

  • Trastornos del sueño como el insomnio.
  • Pérdida de peso.
  • Pérdida de apetito.
  • Falta de motivación.
  • Falta de concentración.

“El entrenamiento es un estrés para el cuerpo. Si no le permites que se recupere, pueden aparecer esos síntomas. También pueden surgir desórdenes a nivel hormonal y fisiológico”, prosigue el entrenador personal.

En una sociedad volcada con el culto al cuerpo, son muchos los que se obsesionan con alcanzar una complexión atlética perfecta. En este punto, Juan Ruiz López apunta otro asunto importante: la preparación. Creemos, por ejemplo, que todo el mundo puede calzarse unas zapatillas y salir a correr los domingos. Y eso no es así. Antes de correr, hay que ponerse en forma, tener unas articulaciones estables y un mínimo nivel físico. Y para preparar pruebas de cierta exigencia deberíamos pasar un control médico, realizar una prueba de esfuerzo y comprobar que no vamos a comprometer a nuestro cuerpo a un sobreesfuerzo. “Es normal que la gente busque objetivos físicos o estéticos, pero el deporte debe ser un medio para conseguir una salud de mayor calidad y mejorar nuestra calidad de vida. Y esto último es lo realmente importante”, concluye el especialista.

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