Factores de riesgo cardiovascular: ¿cómo cuidarlos?

El colesterol, la hipertensión, el tabaquismo o la diabetes son la antesala de un infarto o de otras enfermedades cardiovasculares. Evitarlas está al alcance de la mano.

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Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de muerte en el mundo, también en España. La buena noticia es que su origen es conocido y los factores que las producen son todos evitables menos uno, la edad. “A partir de los 45 años en los hombres y los 55 en las mujeres, las dolencias coronarias se duplican con cada década”, apunta Esther Merino, cardióloga del Hospital Quironsalud, de Madrid. Sin embargo, mantener en los niveles correctos la hipertensión o el colesterol o abandonar hábitos como el tabaquismo sí dependen de cada uno y juegan un papel determinante. “Si se controlaran reduciríamos un 90% el número de infartos”, dice Merino. El Día Europeo para la Prevención del Riesgo Cardiovascular que se celebra el 14 de marzo invita a revisar cómo tratamos nuestro corazón. Estos son los cuidados que necesita:  

¿Qué hacer después de un infarto?

La prevención también es imprescindible cuando ya se ha producido un problema de corazón. El objetivo, en este caso, “es que el paciente no recaiga y mejorar así su pronóstico vital”, explica Esther Merino. Si una persona ha tenido un infarto, una angina de pecho o sufre insuficiencia cardíaca es fundamental que participe en un programa de rehabilitación cardíaca con el que aprenda a llevar un estilo de vida saludable controlando los factores de riesgo cardiovasculares. El equipo de estos programas es multidisciplinar, lo integran una docena de especialistas, desde cardiólogos a médicos del deporte, enfermeras, nutricionistas o psicólogos. Los resultados son, según la evidencia científica, excelentes. “Una persona que ha tenido un infarto y hace rehabilitación cardíaca tiene un 26% menos de posibilidades de fallecer por un problema del corazón que una persona que no la haga”, detalla Esther Merino.

  1. Comer bien es cardiosaludable. Sobre todo, hay que consumir frutas, verduras, cereales integrales, pescado azul y lácteos. A la hora de cocinar hay que hacerlo con muy poca sal, y para hidratarse, lo mejor es el agua. ¿Y alcohol? A partir de dos vasos al día en los hombres y de uno en las mujeres el alcohol es cardiotóxico, como explica Esther Merino: “Puede provocar insuficiencia cardíaca y agravar otros factores de riesgo, como la hipertensión arterial, o influir en el sobrepeso”. Si no se ha adquirido el hábito de consumir vino u otra bebida alcohólica, aunque sea moderadamente, es mejor no hacerlo. “Nunca le vamos a recomendar a alguien que empiece a beber”, dice la cardióloga del Hospital Quironsalud.
  2. Mover el cuerpo para proteger el corazón. La actividad física incide sobre los niveles de colesterol, el sobrepeso o la hipertensión arterial, factores de riesgo cardiovascular. Incorporar el deporte a la rutina diaria es un objetivo asequible, no se trata de machacarse en el gimnasio. Esther Merino señala que es tan cardiosaludable el ejercicio intenso como el moderado: “En el deporte de alta intensidad con 75 minutos a la semana es suficiente y, si se opta por un ejercicio moderado, hay que hacer dos horas y media [150 minutos] semanales, como mínimo”. Una condición indispensable es repartir la actividad en tres o cuatro sesiones durante la semana. No hacer nada durante seis días y ponerse, por ejemplo, a jugar al fútbol un sábado, “puede ser incluso peligroso”.
  3. La ITV del corazón: una analítica anual. Hay que controlar que el colesterol y la glucosa se sitúan en los niveles adecuados. Si la persona hace ejercicio y sigue una dieta variada, lo normal es que estén bien, pero debe comprobarse con una analítica. La glucosa debe estar entre 70 y 100 mg/dl y el colesterol malo, el LDL, por debajo de 116 mg/dl, según las últimas guías clínicas. Al análisis hay que sumar un control regular de la tensión arterial. “Debe ser inferior a 129 nm Hg (milímetros de mercurio) la sistólica e inferior a 84 la diastólica”, apunta Esther Merino.
  4. Vivir sin tóxicos, un seguro de vida. Hay un enemigo a batir, el tabaquismo, y otro que conviene controlar, el estrés. Merino califica el tabaco como “el factor de riesgo cardiovascular más nocivo para el corazón”. Romper con el tabaquismo es un reto con un índice muy alto de fracasos, salvo cuando ya se ha tenido un problema cardíaco. La especialista lo comprueba en la Unidad de Rehabilitación Cardíaca que dirige en su hospital: “La motivación del enfermo en ese momento es muy fuerte, porque está muy asustado, deja de fumar casi todo el mundo”. Los psicólogos que trabajan en la unidad también motivan para que el paciente adquiera hábitos de vida saludables, como dormir al menos seis horas diarias. Asimismo enseñan estrategias para afrontar el estrés, un objetivo que debe perseguir cualquier persona, aunque no haya tenido un problema cardíaco, porque vivir estresado es un potente factor de riesgo cardiovascular.
  5. Al corazón le sobran los kilos. Si una persona sufre diabetes, o tiene sobrepeso u obesidad, las posibilidades de sufrir un infarto u otro problema cardíaco son mucho mayores. De ahí la importancia de mantenerse en un Índice de Masa Corporal (IMC) inferior a 25. Esta medida se obtiene dividiendo el peso en kilos por la altura en metros al cuadrado. Pero como indicador de sobrepeso todavía es más fiable la medida del perímetro abdominal, indica Esther Merino: “Por encima de 88 centímetros en la mujer y 102 en el hombre se considera sobrepeso”.
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La mortalidad cardíaca es mayor entre las mujeres

Los factores de riesgo cardiovascular son comunes en ambos sexos, pero los problemas cardíacos cuentan con algunos rasgos propios en las mujeres. Se producen a una edad más avanzada (las hormonas ejercen un efecto cardioprotector que desaparece tras la menopausia) y la probabilidad de tener otras enfermedades asociadas, y por tanto un peor pronóstico, es mayor. Por otra parte, “nuestras arterias suelen ser más pequeñas, y eso puede hacer que los infartos se diagnostiquen más tarde o sean de mayor tamaño”, explica Esther Merino. Además, el diagnóstico a veces se retrasa porque los síntomas pueden ser más sutiles en las mujeres: “El más frecuente sigue siendo la opresión en el centro del pecho que se irradia al brazo izquierdo, acompañado de sensación de malestar, pero a veces puede haber alguna presentación atípica, como un dolor sutil que pasa desapercibido, o incluso que no haya dolor y se manifieste el infarto como una dificultad respiratoria grave o un mareo”.

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