Hormonas: cómo mantenerlas en equilibrio

A menudo, no las prestamos gran atención, pero las hormonas dirigen nuestro cuerpo y nuestra mente. Si deseamos una vida más sana y equilibrada, es preciso conocerlas para lograr que trabajen en nuestro favor. Aquí van algunas pistas.

hormonas y salud

Vivimos diariamente sometidos a nuestro sistema hormonal: este decide en cada instante de nuestra vida si nos encontramos felices o tristes, energéticos o agotados, saludables o enfermos… Transmiten información e instrucciones a nuestras células y órganos para faciliarnos energía con la que enfrentarnos al día a día; ayudarnos a conciliar el sueño y a dormir bien; controlar nuestras ganas de comer; facilitar que haya más posibilidades de concebir un hijo; mostrar una piel más saludable y bella e incluso, regular nuestro deseo sexual. “Bajo el nombre de ‘hormonas’, se agrupan varias sustancias segregadas por nuestro organismo por estructuras y células especializadas como la tiroides, el sistema nervioso, la hipófisis o el páncreas. Son, por decirlo de alguna manera, unos ‘mensajeros químicos’ que regulan multitud de funciones como la apetencia sexual, el desarrollo muscular, el estado de ánimo y hasta el uso o almacenamiento de recursos energéticos como la grasa”, explica Cristina Brasó, doctora en Fisiología de las clínicas Tintoré & Brasó. Afortunadamente, regular nuestro sistema hormonal es algo que puede estar en nuestra mano, ya que de nuestras costumbres y hábitos de vida depende en gran medida su funcionamiento.

La menstruación

Vivir esa semana del mes como si fuera un drama o no tiene mucho que ver con los estrógenos y la progesterona. Ambas hormonas aumentan en los días antes de la ovulación; si no se produce la fecundación, los niveles de progesterona descienden, ocasionando la caída del endometrio y la aparición de la regla. “El equilibrio hormonal produce reglas más regulares y menos dolorosas”, afirma la doctora Rebeca García, de la clínica DoctorLife. Ese balance óptimo contribuirá también a una menor retención de líquidos, menor sensibilidad en el pecho y a un estado de ánimo más favorable. Ahora bien, el exceso de estas hormonas estrogénicas puede contribuir también a un exceso de acumulación de grasa y de celulitis. Entonces, ¿cómo contribuir de forma natural a mantener las hormonas equilibradas? Belinda Kirkpatrick, en su libro La salud de tus hormonas (Editorial Zenith), recomienda cuidar la alimentación, evitar lácteos y bebidas con extra de azúcar; comer cinco piezas de fruta al día; beber infusiones (hinojo, regaliz, manzanilla, menta y jengibre), y nada de alcohol ni cafeína, así como practicar ejercicio físico regularmente.

La fertilidad

Mejorar la fertilidad también es posible a través de una salud hormonal adecuada. Si una mujer persigue quedarse embarazada, son los estrógenos y la progesterona las responsables de facilitar la concepción, aunque en este asunto, unos niveles de testosterona altos también pueden afectar negativamente a lograrlo. Para un balance adecuado, los expertos recomiendan aumentar la ingesta de alimentos antioxidantes (cúrcuma, semilla de chía, salmón, cacao crudo, verduras de colores…); elegir productos frescos y de temporada; que los dos miembros de la pareja eviten el alcohol y la cafeína durante los cuatros meses anteriores al intento de concepción; reducir el consumo de gluten y azúcar, y minimizar el ejercicio intensivo, mejor caminar y hacer suaves estiramientos.

El embarazo

Llegada la gestación, además de la progesterona (que estimula el engrosamiento del tejido que envuelve el útero, preparándolo para la implantación del óvulo fecundado), cobran protagonismo otras hormonas, como la llamada hormona del embarazo (responsable de mantener la gestación y también de desagradables náuseas y vómitos) y la lactógena (que estimula las glándulas que producen leche). En este caso, la futura madre ha de cuidar la dieta: nada de embutidos ni carnes poco hechas. Y cuando sienta la necesidad imperiosa de comer algo salado, que no lo atribuya a un antojo: las culpables de ese deseo son las glándulas suprarrenales, que reclaman así los minerales que echan en falta, como el hierro.

Regular nuestro sistema hormonal puede estar en nuestra mano, ya que de nuestras costumbres y hábitos de vida depende, en gran medida, su funcionamiento.

equilibrio hormonal

Pon tus hormonas en forma

A partir de los 25 años, una persona pierde en torno al 1-5% de su fuerza máxima cada año. Por lo tanto, a los 65 años solo tendrá, aproximadamente, el 60% de la fuerza que tenía 40 años atrás. “Esta pérdida de fuerza muscular está, sin lugar a dudas, relacionada con los niveles individuales de capacidad física ya que se pierden también vías de comunicación entre el cerebro y los músculos, así como neurotransmisores (acetilcolina y norepinefrina, entre otros), auténticos mensajeros químicos encargados de la transmisión de las señales desde una neurona hasta la siguiente para estimular las fibras musculares y contraerlas”, explica la doctora en Fisiología Cristina Brasó, de las clínicas Tintoré & Brasó y Exolife. “También se pierden progresivamente los mecano-receptores, que son detectores de presión y tacto que se encuentran en mucosas, piel, ligamentos y también en la columna vertebral”. La estrecha relación entre equilibrio hormonal y ejercicio físico está demostrada científicamente: entrenar es uno de los más baratos y efectivos remedios para mantener en forma a nuestro sistema hormonal. Hacer deporte influye, además, en el incremento de nuestros niveles de dopamina: “Si te entrenas de manera regular, segregarás esta hormona involucrada en la toma de decisiones y la motivación. Y es importante señalar que, cuando la dopamina disminuye, también lo hacen las endorfinas. Con lo cual, si te sientes decaído o con falta de iniciativa, tal vez lo que necesites en realidad sea una buena dosis de ejercicio físico. Yo suelo recomendar tanto un buen entrenamiento de fuerza como un posterior entrenamiento cardiovascular; si es con cambios de ritmo, mucho mejor”.

Bienestar interior

Ver la vida en positivo y alcanzar nuestro bienestar interior tiene mucho que ver con tres hormonas: la dopamina, las endorfinas y la serotonina. “La primera participa en las funciones cognitivas, el humor, las emociones, la sensación de placer, el sueño o la capacidad de aprendizaje”, sostiene la doctora Brasó, quien asegura que su disminución tiene un protagonismo importante en el parkinson y otras enfermedades que involucran la coordinación motora o la memoria. Otras grandes aliadas son las endorfinas que, con un potente efecto analgésico, son las encargadas asimismo de regular el apetito, el sistema inmunológico e incluso de la liberación de hormonas sexuales. “Tienen una vida muy corta en el organismo, pero para ello tenemos un gran remedio: repetir cada día esas secuencias y costumbres que hacen que se liberen, como hacer ejercicio físico, descansar, reír, buscar situaciones placenteras e incluso, respirar pausadamente o realizar sesiones de relajación y meditación”, tal como indica la experta. “Mientras que la serotonina –involucrada en aspectos como el sueño o el apetito– participa asimismo en muchos estados de apatía, falta de motivación, altos niveles de estrés o depresión. Si bien el resto de hormonas precisan de una alimentación equilibrada, esto es doblemente importante en el caso de la serotonina, puesto que el organismo es capaz de sintetizarla a partir del triptófano, un aminoácido esencial que se obtiene de alimentos como el pescado azul, los huevos, los lácteos, los frutos secos, el plátano, el aguacate, los cereales y las legumbres”.

Equilibrio hormonal

Mantenernos en un peso adecuado, mostrar literalmente nuestra mejor cara [https://fundacionpielsana.es] y hasta conservar durante más tiempo un pelo sano se debe, cómo no, al equilibrio hormonal. Según afirma la doctora Brasó, “con la edad, se produce menos hormona del crecimiento; también puede influir en el descenso de sus niveles algún trastorno de tiroides, lo que determina aspectos como el desequilibrio de agua corporal, el balance entre hormonas masculinas y femeninas o la producción de cortisol (que favorece el aumento de grasa)”. Por su parte, “un alto índice de testosterona crea acné y exceso de vello, pero su déficit causa pérdida de colágeno y aparición de arrugas”, explica la doctora Rebeca García, especialista en tratamientos hormonales antiedad. “Evitar los alimentos procesados y la contaminación puede ayudar a reequilibrarlo: ambos factores contienen sustancias similares a las hormonas, las imitan y bloquean las actividades que estas llevan a cabo”, concluye.

Descanso

Dormir bien tiene relación con los índices de melatonina que genera nuestro cerebro. Esta hormona es la encargada de regular el sueño y se libera durante los períodos de oscuridad: de ahí que para mantener su equilibrio sea recomendable no permanecer viendo la televisión hasta altas horas de la noche o no exponerse a iluminación eléctrica agresiva y brillante, como las de las pantallas de móviles y otros dispositivos. “Si hay un déficit de melatonina (y, por tanto, cuesta conciliar el sueño y dormir adecuadamente), nosotros aconsejamos que se administre melatonina bioidéntica, de venta en farmacias y parafarmacias: es exactamente igual que la hormona producida de forma natural y el cuerpo la utiliza como si de ella se tratara. De esta forma no solo vamos a dormir más y mejor, sino que estaremos aportando al organismo uno de los antioxidantes más potentes con lo que vamos a proteger nuestro cuerpo del estrés oxidativo. Eso sí, siempre bajo recomendación de los expertos”, indica la doctora García. Aquí tienes unos consejos generales para dormir bien.

Del mismo modo, no está de más prestar atención a la serotonina, que también contribuye a un adecuado descanso. “Para mantener su equilibrio, resulta imprescindible llevar una correcta alimentación ya que, como hemos dicho anteriormente, el organismo es capaz de sintetizar este neurotransmisor a partir del triptófano, ese aminoácido esencial que se obtiene de los alimentos”, recomienda la doctora Brasó, que da una última advertencia: “Otra sana costumbre es no cenar tarde, hacerlo de forma moderada, evitando incluir en el menú ingredientes que provoquen una digestión pesada, así como el alcohol y las grasas”.

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