Adicción a los videojuegos: cuando se convierte en obsesión

El último trimestre del curso se terminó en casa. El confinamiento ha sido sinónimo de digital, incluso en el ocio. Pero detrás de tanto videojuego puede haber una adicción. Claves para sospechar.

videojuegos obsesión

A veces nos preguntamos: “¿Cómo habría sido el encierro de la primavera 2020 sin evasión o comunicaciónn digital?”. Estudiar, videorreunirse, descargar, jugar… todo se ha resuelto a base de clic, para dejar fuera al virus y no caer en la tentación de salir. Y el ocio de los menores se ha vinculado también a la pantalla. Sin solución de continuidad han pasado de la plataforma escolar al videojuego. “¿O quizá simultanean ambos escenarios?”, piensan los padres.

Estamos ante una moda creciente, universal: solo en la segunda quincena de marzo, en el inicio del confinamiento, el gasto en videojuegos en todo el planeta superó los 9.000 millones de euros, cifra nunca antes alcanzada en un mes. Según la consultora Nielsen, se registró un incremento del 64% en apenas dos semanas.

A consecuencia del cierre de los comercios físicos, esa misma quincena, la principal plataforma de contenido en directo (streaming), Twitch, creció un 31%. Y un último dato: según la consultora App Annie, que rastrea el mercado de las aplicaciones, las descargas semanales de juegos crecieron en esos días el 30% respecto a todo el cuarto trimestre de 2019, cuando podíamos salir a la calle. Pero a padres y educadores les inquieta que los jóvenes, apenas cumplidos los diez años, tienen otros surtidores de contenidos. Se han hecho expertos en la plataforma de vídeos TikTok, manejan entre sus ídolos tanto a youtubers como a futbolistas. Son nativos digitales, y lo mismo se examinan de Naturales que hacen de toda su jornada una pantalla.

uso responsable beneficioso

El videojuego educa, si se usa bien

Sobre el papel, el uso responsable de los videojuegos es beneficioso. En la creatividad y el aprendizaje, para asimilar conceptos como la defensa del medio ambiente y el (obvio) poder de nuevas tecnologías como la realidad virtual. Hay estudios que confirman que el videojuego ayuda a superar problemas de relación y comunicación entre menores, estimula el razonamiento estratégico y alivia incluso algunas patologías como los trastornos del lenguaje o conductas impulsivas. Se ha comprobado que determinadas propuestas reducen la ansiedad y mejoran la relación interna en la familia. Pero, ya hace unos años, el Parlamento Europeo alertaba en un informe sobre los potenciales riesgos de los nuevos juegos (peligro de sexismo, incitación a la violencia, consumo excesivo, adicción…) e instaba a controlar más a los niños y niñas desde las familias, sin entrometerse mucho en su espacio.

Según la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), en 2019 los gamers españoles dedicaron una media de 6,7 horas por semana a los videojuegos

La familia importa

Igual que los progenitores se preocupan por las amistades de sus hijos, deberían conocer el grado de tolerancia o violencia que tienen sus videojuegos. Hay una serie de pistas en la propia carátula del juego, amparada en el código

PEGI, siglas de Información paneuropea de juegos, por sus siglas en inglés. Oscilan entre el PEGI-3 y el PEGI-18, los números orientan sobre la edad indicada y son fácilmente reconocibles por colores. La violencia y el contenido sexual aparecen en el PEGI-16.

Existe ya incluso un ránking de los videojuegos más febriles de esta primavera, más allá de Fortnite, el juego en Red que convoca a 50 millones de adolescentes en todo el planeta. El Animal Crossing se ha impuesto al nivel que en otras etapas doradas alcanzaron el Pokemon Go o Call of duty.

Según la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), en España, por ejemplo, en 2019 losgamers dedicaron una media de 6,7 horas por semana a los videojuegos (pocas, si se consideran las 9,5 de los británicos). Es fácil intuir hasta dónde han crecido los datos este año.

Un problema de enganche

Ya en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó el trastorno por uso de los videojuegos entre las enfermedades mentales, con manifestaciones similares a la de otras adicciones. Si ese desorden psiquiátrico se certifica si durante al menos 12 meses, los pacientes (muchos de ellos, niños o adolescentes) muestran algunos de estos comportamientos:

  • No controlan el tiempo que pasan jugando.
  • Estar ante la pantalla constituye su prioridad.
  • Siguen con la videoconsola o el móvil, aunque saben que no es bueno hacerlo.

 “El problema es cuando se sacrifican incluso horas de sueño para seguir jugando”, advierte Celso Arango, director del Instituto de Salud Mental y Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón (Madrid). “Desde la mañana hasta la noche, todo lo que hacen lo relacionan con el videojuego. Cuando no están ante la pantalla, aparece algo parecido al síndrome de abstinencia”. Volver a jugar alivia esa ansiedad y a la vez estimula un sentimiento de culpa, porque saben que todo en su vida gravita en torno a esta adicción, pero no pueden dejar de hacerlo. Desde hace unos años, a las consultas de los especialistas acuden personas adictas a los juegos digitales (desde los 12 o 13 años de edad) acuden a las consultas psiquiátricas en busca de ayuda. La mayoría de los pacientes son menores. Pero también hay adultos, muchos veinteañeros, enganchados a esa pasión excesiva. La democratización del Smartphone, accesible para los niños mientras sus padres se toman un café, ha hecho el resto: ya no tienen que encerrarse en el cuarto para jugar.

Test rápidos para saber si los padres necesitan ayuda

La doctora norteamericana Kimberly Young, una referencia en materia de adicciones al juego, estableció hace unos años unas pistas para los padres. En España, el doctor en Neuropsicología Juan Boza y el profesor de Secundaria José Carlos Amador han editado una guía en la Comunidad de Madrid.

¿Cómo diferenciar una gran afición con adicción?

Si el joven pasa mucho tiempo jugando y tanta entrega parece poder acarrear un problema, los padres deben intentar que interrumpa el juego y haga otras cosas sin roces. Si se consigue, puede tratarse sólo de una alta afición controlable, pero seguramente necesitará de la ayuda de los padres. Un reciente estudio en la universidad Jaume I de Castellón concluyó que apenas el 5,5% de la muestra de adolescentes analizados tenían síntomas patológicos. Un nivel similar al de otros países del mundo.

¿Qué es la adicción?

La afición a los videojuegos se convierte en dependencia cuando interfiere en el día a día ostensiblemente: en los deberes del colegio, con los amigos y con la familia. Si el joven se encierra en su cuarto demasiadas horas y le pierde jugar, ya sólo o con amigos, puede existir un problema.

La evaluación de los padres no puede sustituir una valoración profesional en el diagnóstico, pero estos son algunos síntomas.

  • Al intentar reducirle su tiempo de juego, ¿se irrita?¿Le cuesta interrumpir la partida? ¿Dice varias veces “Ya voy”?
  • ¿Crece la necesidad de jugar para lograr mayor satisfacción?
  • ¿Aplaza o descuida los deberes (escolares o domésticos) “para luego”?
  • ¿Ha perdido el interés incluso por actividades extraescolares que antes le gustaban?
  • ¿Suele mentir sobre el tiempo que dedica a jugar?
  • ¿Aprovecha la noche para jugar más? ¿Salta a la vista que duerme poco?
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