Disponer de coche sin comprarlo: ‘renting’, ‘leasing’, ‘carsharing’ y ‘carpooling’

Cada vez son más las alternativas que permiten hacer uso de un vehículo sin ser su propietario. Analizamos cuál es la más idónea, según la necesidad.

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De un tiempo a esta parte, sobre todo como consecuencia de los cambios tecnológicos, se ha alterado el concepto de poseer: ya no es necesario hacer acopio de películas, libros o discos en casa; están disponibles en una nube y podemos consumirlos cuando queramos. Esta transformación del concepto de propiedad también ha llegado al campo de la automoción: podemos desplazarnos en coche siempre que lo necesitemos –incluso a diario– sin la obligación de comprar uno. Las alternativas son cada vez mayores, hasta el punto que existe una opción para cada necesidad.

“Tenemos una aversión creciente a tener algo o a mantener compromisos a largo plazo en la sociedad actual”, indica Javier Costas, periodista especializado en motor y seguridad vial y nieto del legendario divulgador Paco Costas, de TVE. “Algunas fórmulas son ventajosas si deseamos cambiar frecuentemente de vehículo y reducir los imprevistos. Y en caso de gran desastre (coche que se avería con facilidad, robo, incendio) el problema no es nuestro, es de otros”.

Como señala Adolfo Agudo, director de Área de Distribución Indirecta de ADL Automotive, empresa dedicada al renting, el vehículo ya no es visto como una propiedad en sí mismo, sino como un servicio. “Por eso, cada vez cobran más importancia entre los consumidores las nuevas preferencias para disfrutar del automóvil que se adaptan a las nuevas demandas, a las nuevas formas de movilidad. Todo ello abre un amplio abanico de posibilidades a los consumidores, que pueden disponer de un vehículo de forma más sencilla, sin desprenderse de una cantidad importante de dinero y utilizando un vehículo que se ajuste a las necesidades del momento”.

“Mantener un vehículo en propiedad —agrega Javier Costas— se ha convertido en una carga muy pesada al aumentar la sofisticación técnica de los coches, los impuestos que tenemos que pagar y que no hay tanta sobreingeniería (hacer las cosas para que duren décadas). Las fórmulas que eliminan riesgos son, sobre todo, comodidad para el bolsillo y menor incertidumbre. No hay sorpresas desagradables al renovar el seguro, al cambiar ruedas que no se sabía saldrían tan caras o realizar los mantenimientos”.

Estas son algunas de las modalidades más frecuentes:

‘Renting’

Es el alquiler de un vehículo a largo plazo, que además incluye todos los servicios que implica su uso. Generalmente esta variedad se asocia a empresas, pymes y autónomos, aunque también puede estar indicada para particulares. “Permite adquirir un vehículo sin desprenderse de una gran cantidad de dinero, por lo que conlleva un control de gasto muy interesante, ya que en la cuota mensual establecida se incluyen todos los servicios (tasas, mantenimiento, seguro…), así como otros que se hayan contratado, incluyendo servicios extra exclusivos que solo proporcionan estos vehículos”, describe Adolfo Agudo. En el caso de las empresas, “otorga una mayor flexibilidad para adaptar la flota a los picos de actividad del negocio. Además del alquiler flexible, también favorece las deducciones fiscales del gasto respecto a la compra en sectores de actividad no vinculados directamente al transporte”, añade.

Para los particulares también puede reprensentar una opción interesante. “El renting a particulares se ha flexibilizado muchísimo, más aún en la era posCovid, y permite al cliente contar con un vehículo nuevo y cambiarlo en un periodo relativamente corto, lo que supone estar siempre a la vanguardia tecnológica y, por consiguiente, también en términos de seguridad”, apunta Agudo. Antes de decantarse por el renting, este experto recomienda “tener en cuenta el número de kilómetros que se realiza anualmente, la frecuencia con la que se cambia de automóvil y la gama de coche que se desea conducir”. En definitiva, hace posible disfrutar de un vehículo siempre joven y, por tanto, poco tendente a dar problemas, con el aliciente de que sabemos que vamos a pagar siempre lo mismo. “Esta fórmula la veo, sobre todo, para quienes se pueden permitir siempre estar pagando por tener un coche nuevo, y para empresas”, concluye Costas.

En qué consiste el leasing

‘Leasing’

Es un alquiler con derecho a compra. La compañía cede el uso del vehículo al cliente a cambio del pago de una cuota –por un periodo mínimo de dos años–; cumplido el plazo previamente establecido, el arrendatario tiene la opción de comprar el coche pagando un cierto precio (valor residual) o devolverlo. “Es un término medio entre la propiedad normal y un renting, explica Javier Costas. “Una forma más cómoda de pagar un vehículo nuevo, que no será nuestro hasta que abonemos la última cuota. Para empresas tiene mucha lógica. Para particulares, sin sacar la calculadora, no: los gastos del vehículo sí se asumen por el usuario. Uno de los principales errores que se cometen en esta toma de decisiones es no hacer bien las mates. Considerando lo complicado que es a veces encontrar financiación clásica, el leasing me parece una alternativa razonable”.

Es aconsejable, por tanto, para aquellas personas que contemplan hacerse finalmente con la propiedad del coche. Puestos a compararlo con el renting, Agudo opina que este último resulta más interesante para particulares, y el leasing podría estar más indicado para autónomos y empresas. “En este sentido, la mayor la diferencia entre ambas opciones se refleja en el balance de la empresa; el leasing se contabiliza en los activos del negocio del cliente y el renting, sin embargo, supone un gasto más del ejercicio con repercusión en la cuenta de resultados”.

‘Carsharing’

Se refiere al alquiler para desplazamientos esporádicos y por breves espacios de tiempo. Dado que su flota está formada por coches eléctricos y ecológicos, la OCU destaca que “tiene como máxima la promoción de formas de desplazamiento más económicas y sostenibles”. “La máxima ventaja –expone Javier Costas– sería para aquellos que no necesitan tener un vehículo constantemente, sino puntualmente, sobre todo en ciudades. También es útil para evitar costes de aparcamiento o saltarse restricciones circulatorias que afecten a nuestro vehículo”. Por ese motivo, no es la modalidad más aconsejable para quienes precisan moverse en coche con frecuencia, pero, en cambio, “para quien usa poco un coche el ahorro puede ser sustancial”, añade Costas. “Un complemento perfecto al transporte público, vaya”.

‘Carpooling’

Consiste en compartir un automóvil con otras personas, tanto para viajes periódicos como para trayectos puntuales. Es el servicio que ofrecen empresas como BlaBlaCar o Amovens. “Esta fórmula permite un ahorro sustancial en la posesión del vehículo”, subraya Costas. “El propietario piensa: ‘en los viajes largos suelo tener medio coche sin plazas o voy solo, así que con esta fórmula llevo compañía, se me hace el viaje más llevadero y los trayectos largos me salen muy económicos’. Cualquiera puede compartir su coche para viajar con otras personas”.

Si no nos molesta el viajar con desconocidos y se respetan ciertas normas (por ejemplo, no beber, fumar o comer) tiene otras ventajas aparte del abaratamiento del viaje. “Le hacemos un pequeño favor al medio ambiente”, añade Costas. Sus protocolos se han ido normalizando. Así, en 2010, cuando BlaBlaCar empezó a dar servicio en España, era habitual que el pasajero no se presentase a su cita. Ahora se paga por adelantado, lo que garantiza la consecución del servicio. “Al final todos salimos ganando”, declara Costas.

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