Cómo educar a un perro potencialmente peligroso

¿Estás pensando en hacerte con una mascota? Medita bien la decisión y ten en cuenta las responsabilidades que conlleva, sobre todo si se trata de un Perro Potencialmente Peligroso (PPP). Y recuerda educarla desde el primer día estableciendo límites y normas de forma clara. Aquí tienes las claves.

Cómo educar a un perro potencialmente peligroso

Los casos de muertes por ataques de perros continúan sucediendo. En total, más de 20 personas han fallecido desde 2010 por esta causa, entre ellas un bebé de apenas tres semanas a finales de 2018 en Canarias. En este caso, muy polémico, el ejemplar implicado fue un pastor belga, raza no considerada potencialmente peligrosa. La pregunta es: ¿se podían haber evitado estos sucesos? “Hay que ver caso por caso, pero lo cierto es que si enseñamos y educamos a nuestros perros para que se adapten a vivir en la sociedad de los humanos las posibilidades de que ocurra disminuyen”, afirma el experto Carlos Carrasco, director de la empresa especializada DOS Adiestramiento.

Hay una creciente corriente de adiestradores que opinan que, para tener un perro, debería establecerse una formación previa. “El problema de base con los perros agresivos es la educación. Del mismo modo que se hace un examen para obtener el carnet de conducir sería conveniente superar una prueba antes de incorporar un animal de compañía, más aún si está calificado de raza peligrosa”, propone Carrasco. El educador considera esencial tomar la decisión de adquirir una mascota de forma meditada y fría, así como educarla desde el primer día estableciendo límites y normas de forma clara. “Parece mentira que en el siglo XXI se sigan adquiriendo animales por impulsos. La gente se compra un perro sin tener ni idea de lo que supone. Se dejan asesorar por el vecino que tiene mascota o por la televisión, una fuente de conocimiento más que cuestionable”, apunta.

“Muchas veces escuchamos que un perro no se porta bien, que no se relaciona o que es agresivo, pero el verdadero problema no es del perro, sino de los dueños, que no han sabido tratarlo”

Carlos Carrasco, director de la empresa especializada DOS Adiestramiento

El mundo de los humanos es diferente al de los perros, por eso debemos ayudar a nuestros animales a adaptarse a la vida con nosotros. Para ello es esencial conocer sus necesidades, cómo se comunican, cómo se relacionan y afrontar su educación desde el primer día. “Muchas veces escuchamos que un perro no se porta bien, que no se relaciona o que es agresivo, pero el verdadero problema no es del perro, sino de los dueños, que no han sabido tratarlo”, insiste Carrasco. “Por otro lado, cada perro tiene su propio temperamento. No es cierto que todos se comportan igual ni que todos sean ideales para todos los propietarios, como sí defienden algunos educadores». 

5 claves para educar a tu mascota

Claves para educar a una mascota
  1. Educar desde el respeto y la empatía, priorizando el bienestar del animal . La educación de un perro debe comenzar, desde el primer día, por ponerse en su lugar. “Debemos ser capaces de ver el mundo con cabeza de perro”, dice Carlos Carrasco. Y pone un ejemplo: “Si estamos viendo un partido de la selección española e Iniesta mete gol, la gente grita y salta. Pero esa reacción puede que a tu perro le dé miedo. No nos podemos empeñar en que nuestros animales vean el mundo como lo vemos nosotros, y siempre debemos preguntarnos si han captado el mensaje que les hemos querido dar”.
  2.  Predicar con el ejemplo, aportando correctos referentes emocionales. Al igual que ocurre con los niños, si intentamos inculcarlos prácticas que nosotros no llevamos a cabo, no serán capaces de comportarse de ese modo. “Si decimos a nuestros hijos que lean, que no fumen y que no beban alcohol, pero nosotros no leemos, fumamos y bebemos alcohol, el mensaje no va a calar en ellos. Con los perros, el efecto se multiplica: si les decimos que no corran en casa, que no se suban al sofá y estén tranquilos, pero nuestros hijos saltan en el sofá, no paran y están todo el rato nerviosos, las mascotas difícilmente van a estar tranquilas y relajadas”.
  3. Ser coherentes a la hora de establecer límites y normas. Los perros no entienden que unas veces les dejemos hacer una cosa y otras, no. “No se le puede dar de comer de la mesa un día y otro no: si decidimos no hacerlo no podemos hacerlo nunca”, dice Carrasco. Con los cachorros, sobre todo, hay que ser muy estrictos. Según el experto, es esencial que todos los miembros de la casa estén de acuerdo con esas normas.
  4. Socializar al perro convenientemente con humanos y otros animales. Hay que acostumbrar a nuestros perros a relacionarse con otros animales, sobre todo cuando son cachorros. Carrasco considera fundamental que seleccionemos bien a unos y a otros, ya que, a diferencia de los perros adultos, las crías tienden a generalizar. Si las juntamos con perros intranquilos, que no toleren a otros o que tienen mal carácter, pensarán que todos son iguales. De igual modo, debemos seleccionar a gente (visitas, por ejemplo) preferentemente relajada.
  5. Atender a las necesidades del animal: alimentación, salud, cuidados y ejercicio físico y mental diario. Antes de adquirir un perro hay que ser conscientes de sus necesidades desde el primer día. Un pienso de calidad es caro, las vacunas no son baratas, llevarlo al veterinario conlleva gastos y sacarlo todos los días a la calle varias veces es un sacrificio considerable. Si no podemos comprometernos a estos cuidados, mejor no tenerlos.

La vigente ley de perros potencialmente peligrosos ha recibido siempre críticas. Algunos adiestradores creen que tiene lagunas: por ejemplo, no concede la presunción de inocencia ni al perro ni al dueño. Al primero, por obligarlos a llevarlos atados y con bozal. A los segundos, por imponer un test psicotécnico, un seguro de responsabilidad civil, más caro que para un perro normal, y por tener que presentar el certificado de penales para poder adquirirlo.

“Fue creada en un momento de alarma social muy fuerte, por la psicosis causada por episodios mediáticos como el de la mordedura de un rottweiller al hijo de Ana Obregón y fue hecha por un legislador que no tenía ni idea de perros”, afirma el educador. “No se puede demonizar a un perro por su raza, pero lo cierto es que no todas las razas de perro son adecuadas para todo el mundo».

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