Reformas en el hogar que evitarán accidentes

Caídas, cortes, golpes, quemaduras, descargas eléctricas… A veces la paz de nuestro domicilio se ve alterada por alguno de estos indeseables percances. Con unos sencillos cambios, el riesgo se minimiza.

Niño con secador de pelo

Hogar, ¿dulce hogar? Como en casa, ¿en ningún sitio? Tendemos a pensar que la vivienda es donde más seguros estamos; nuestro refugio. Y, efectivamente, en casa nos sentimos protegidos del mundo exterior. Pero eso no significa que el domicilio esté libre de peligros. Más de 1,7 millones de personas sufren cada año accidentes domésticos en el hogar, según el Ministerio de Sanidad. Un estudio publicado en 2018 por investigadores de la Universidad de Barcelona decretó que los accidentes domésticos y de ocio son una de las principales causas de mortalidad por causa diferente al envejecimiento y recordaba que alrededor de 24,6 millones de personas han sufrido este tipo de percances en Europa entre 2012 y 2014.

El hogar es el lugar donde más tiempo pasamos. En él realizamos actividades muy diversas, desde ducharnos a preparar la comida, lo que exige que esté equipado con utensilios destinados a hacernos la vida más cómoda. Pero, al mismo tiempo, susceptibles de darnos un susto. Estos son los accidentes domésticos más comunes y los cambios que deberíamos hacer en casa para reducir el riesgo de que se produzcan.

Medidas especiales en casas con niños

Medidas especiales en la cocina para bebés

En viviendas donde hay menores se imponen algunas medidas adicionales. En la cocina, “los cuchillos deben estar lejos de su alcance y fuera de su vista: pueden resultarles un juguete”. La experta Rosa Pérez explica que el accidente más común con niños en la cocina tiene lugar cuando cogen el asa de la sartén o la olla y se la echan encima. Por ello, hay que acostumbrarse, cuando la estamos usando, a dejar el mango hacia dentro. Es recomendable, también, “instalar un cobrequemadores, una pieza de chapa que se utiliza para que los niños no lleguen”.

Los productos de limpieza deben estar “en un armario al que los niños no tengan fácil acceso, y separados de productos de alimentación”, explica Pérez. “También son útiles los cierres de seguridad que bloquean armarios y la puerta del horno. De hecho, suponen un buen regalo para papás recientes”, opina.

Los protectores de enchufes también pueden librarnos de episodios desagradables. Para los picos de los muebles aconseja “un buen protector de puntas”. Por último, con el fin de evitar ahogamientos en piscinas ­–la principal causa de muerte en niños pequeños, según la especialista en urgencias–, “la mejor precaución es que los padres enseñen a sus hijos a nadar cuanto antes”.

Salón: caídas por alfombras y sillas

Aportan calidez y estética, pero los pliegues que con frecuencia se forman en las alfombras constituyen un obstáculo (a veces insalvable). “Las caídas son el accidente doméstico más común”, explica Rosa Pérez, enfermera con amplia experiencia en urgencias y subsecretaria de divulgación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES). “Las alfombras son un elemento que estorba, y si convivimos con personas mayores o niños, lo mejor es retirarlas. También en los dormitorios: los mayores se levantan de la cama un poco torpes, de ahí que incluso las zapatillas deban dejarlas apartadas de la cama, para no tropezar”. Por otra parte, tampoco es aconsejable subirse a una silla para cambiar una bombilla; disponer de una buena escalera nos ahorrará una posible caída.

Salón y habitaciones: golpes con muebles

No se puede pedir que todo el mundo sea fan de la decoración minimalista, y los bordes de mesas y aparadores suponen una amenaza para nuestras espinillas (o la cabeza de los niños). En este sentido, la portavoz de los especialistas de urgencias recomienda no recargar las estancias en exceso y dotar los espacios de una buena iluminación. “Para evitar contusiones, mucha luz. Si no estás viendo lo que tienes a tu alrededor, es más fácil darte un golpe”, asegura Rosa Pérez.

Baño: caídas en la ducha

Superficies resbaladizas, jabón y pies descalzos pueden formar un cóctel arriesgado. Por ello, la experta indica estas pequeñas reformas: “Para personas mayores se recomienda el plato de ducha y una agarradera, fijada con taladro (no hay que fiarse de las adheridas con ventosa que venden en los chinos), para que no se suelte. En el suelo, se recomienda usar una alfombra antideslizante completa, con ventosas en el reverso (las que llevan adornitos se despegan), o aplicar un líquido antiadherente que venden en las ferreterías y deja la superficie más rugosa”. Para las personas de edad avanzada, también es recomendable incorporar una banqueta, que puede ser fija, de obra. 

Baño: aparatos eléctricos y agua

No es inusual secarse el pelo mientras otro miembro de la familia está en la ducha. Constituye un error: “No puedes hacer correr el agua cerca de cualquier aparato eléctrico que esté enchufado. Usar una plancha para el pelo o un secador si hay una persona al lado duchándose también representa un peligro. Lo mismo que ducharse en invierno con una estufilla enchufada”, dice Rosa Pérez. ¿Solución? “Hay estufas pensadas para baño que pueden instalarse en la pared”, propone. En cuanto a la temible caída del secador en la bañera, tantas veces recreada en el cine y en las series, tranquiliza: “No es tan común. Yo trabajo en el 061 y nunca he recibido un aviso de ese tipo”. 

Cocina: cortes con utensilios

“La cocina es un lugar especialmente complicado”, opina la portavoz de SEMES. No se puede prescindir de los cuchillos, cuya función es, precisamente, cortar. “Pero no hace falta tener el equipo de MasterChef. Un cuchillo muy afilado, para alguien no muy cocinillas, no es algo primordial, y entraña un riesgo. Tampoco es necesaria una catana”. La experta recomienda efusivamente el uso de tablas para cortar: “Sirven de apoyo y evitan que nos cortemos al pelar una patata sosteniéndola en el aire”. 

Habitaciones y pasillos: descargas eléctricas

A veces nos gusta sacar ese electricista que todos creemos llevar dentro y nos ponemos a cambiar bombillas o poner interruptores alegremente. Como dice Rosa Pérez, “reemplazar una bombilla no tiene más truco que cerrar el interruptor, pero si se trata de actuar sobre la instalación, hay que cortar la luz general”. En cualquier caso, aclara, una descarga de bajo voltaje –un chispazo– no requiere intervención médica.  

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