Protege tu comunidad del húmedo otoño y del crudo invierno

Me ha tocado ser presidente de la comunidad de propietarios. ¿Marrón? Quizá, por eso más vale cuidar accesos, cornisas, cañerías, bajantes y otras instalaciones para acabar la ‘legislatura’ sin nada que lamentar.

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Durante el sorteo del próximo presidente –si no hay candidato al cargo–, en la comunidad de vecinos casi todos cruzamos los dedos. Habrá quien se acuerde de la serie La que se avecina y los sudores de Enrique Pastor, presidente de la urbanización Mirador de Montepinar, además de concejal de juventud y tiempo libre.

Pero tarde o temprano a todos los propietarios les puede tocar por sorteo o turno. Así que mejor tomárselo con filosofía. Primeros consejos: apoyarse en la experiencia de los presidentes anteriores y hacer equipo, revisar a fondo todo el complejo… y prevenir.

El mantenimiento es fundamental”, explica David Gallego, presidente de la Asociación Nacional de Administradores de Fincas (AAFF). “Si no se hace y un accidente o una avería causan desperfectos o daños personales –por ejemplo, en una inundación o un desprendimiento–, puede acabar en condena judicial, porque las comunidades son responsables civiles subsidiarias. Y tal vez se pierda el derecho a cobrar el seguro”.

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Cada comunidad es un mundo. No es lo mismo una urbanización de unas pocas casas bajas que un megaportal urbano con diez alturas y cientos de vecinos. De eso depende que algunos trabajos sencillos se hagan en plan doméstico o —mejor— recurrir a una empresa especializada. En seguridad y prevención lo barato sale caro.

Libro de Mantenimiento, al día 

Es recomendable que la comunidad recurra a una empresa de administración de fincas. Como ya no es necesario que esté colegiada, el aumento de la competencia ha bajado las tarifas. Se encargará de un requisito fundamental en la prevención de averías o accidentes: llevar al día el Libro de Mantenimiento de la Comunidad de Propietarios, con un repaso exhaustivo de todas las instalaciones e infraestructuras. Es obligatorio, aunque el sector calcula que aproximadamente entre un 20% y un 30% de los edificios en España aún no lo tiene. Para conseguirlo, se necesita el visto bueno de un arquitecto o un aparejador, que revisa el edificio y adapta el libro a sus características.

Para David Gallego, presidente de la AAFF, la ventaja de recurrir a este servicio profesional va más allá del mantenimiento. “También implica anticipar y cumplir normativas locales, autonómicas, nacionales y europeas, cada vez más exigentes y que se actualizan constantemente. Por ejemplo, en seguridad o eficiencia energética. Además, es útil para llevar al día la fiscalidad y la contabilidad, y para evitar sustos”, concluye el experto. 

Tormentas eléctricas, ventiscas, lluvias torrenciales, nevadas, heladas… El edificio es una nave expuesta a los elementos. Además de estar pendiente de las predicciones meteorológicas, estas son las pautas de un tratamiento precavido:

  • Conducciones. Canalones, bajantes, sumideros, desagües… hay que limpiarlos de hojarasca, arena, musgo y otros materiales acumulados que pueden causar humedades, goteras o directamente una inundación. Suele usarse agua a presión o una serpiente de fontanería para remover atascos. Hay que comprobar si desaguan bien después o si queda alguna grieta por donde filtran. Y revisar si funcionan los sistemas de bombeo en zonas bajas, como sótanos o garajes.
  • Tuberías exteriores. Pueden reventar por una helada intensa. Conviene vaciarlas de agua para evitar ese engorro y forrarlas con espuma aislante o lana de fibra de vidrio. Si se congelan, la escarcha puede señalar en qué punto exactamente. Ahí va un truco: utilizar un secador de pelo para fundir el tapón de hielo.
  • Aleros, cornisas, tejados, terrazas, azoteas… Las salidas más frecuentes de los bomberos no son para apagar incendios, sino por desprendimientos de tejas o pedazos de las alturas. Resulta fundamental revisar esas estructuras a fondo y fijarlas si empiezan a estar sueltas.
  • Calefacción. Después de meses apagada, pasa a usarse a tope. Antes del arranque hay que ponerla a punto purgando radiadores y tuberías, con limpieza de caldera y quemadores o comprobando que el circuito tiene anticongelante.
  • Resbalones. Están entre los accidentes más comunes por acumulación de nieve (o peor, hielo), en entradas, aceras y patios, sobre todo en zonas de umbría. Además de la pala para retirar la nieve, la solución es la misma que en calles y carreteras: sal gorda para deshacer el hielo. O al menos, debilitarlo y que sea fácil de retirar. Es más eficaz si se echa cuando empieza la nevada o la helada, y se añade otra capa después. También existen líquidos descongeladores, pero son más agresivos con el medio ambiente. 
  • Aislamiento. Conviene revisar puertas y ventanas por si hay corrientes que delatan un mal aislamiento, y en ese caso instalar cortavientos, protectores de escobillas o burletes. La factura de la calefacción te lo agradecerá. 
  • Jardines y zonas verdes. Hay que conocer bien las especies, porque pueden tener resistencias muy diversas al invierno. Algunas soportan bien las heladas; otras necesitarán un cobertor plástico o tela de horticultura. Y precisarán más o menos riego, incluso ninguno. O podas en su preciso momento. En otoño se plantan algunas especies florales y de césped. Y recuerda limpiar de hojas muertas y húmedas las zonas de paso, para evitar los funestos resbalones.

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